lunes, 10 de julio de 2017

ANA DEACRACIA



PRESENCIA 13



Nunca hemos coincidido por un pasillo estrecho, y aprovechado el momento para besarnos, el cruce de caminos…, usando las paredes como almohadones a los que robarle sueños.

No sé de ti más que tu nombre, y el aroma a limón que desprendes cuando te acercas y me sonríes, y entonces me saludas y te acercas, y cedemos a la ceremonia de darnos unos besos que nunca son dos besos, más que un sutil amago.

Lo sé, que te gusta el café a media tarde y a veces das un par de caladas a mi cigarrillo, lo sé, que prefieres el pelo recogido, y que elijes pintarte los labios con el rojo carmín que me alienta o me deja sin aire.

Me gusta cuando vistes de negro, y tu falda se mueve al compás de la brisa mientras caminamos juntos y juegas con tu pelo, con esa inercia tuya, con los rizos oscuros de animal hembra que esconde a la vista su lado más salvaje. Ese poder que yo imagino mientras te miro y tú me cuentas y yo,

yo…, me tientas, y me someto para no apretar tu cara con mis manos, apoyar mi frente junto a tu frente y rogarte que de una vez me preguntes mi nombre.

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