viernes, 20 de octubre de 2017

HOJAS SUELTAS. EL MUELLE DEL TINTO







                                    III     OCASO EN EL MUELLE DEL TINTO


                           El muelle del Tinto… cuantas fantasías, cuantas ensoñaciones…   se me antojaba una aventura seguir el camino de la calle Marina hasta desembocar frente al río porque los nombres de los buques atracados a su costado, y  la fascinación por lo extraño, siempre vencieron mis perezas de tan largo desplazamiento…

                           Cuando me detenía junto a su impresionante estructura metálica, sentía acrecentada mi pequeñez. La noticia dada en el colegio de que había sido proyectada nada menos que por el famoso Eifell, el mismo de la mítica torre, me hacía sentir la importancia de mi pequeña ciudad.

                           Allí, mientras la tarde tomaba el aire solemne del adiós y mientras las primeras sombras se alargaban más allá de sí mismas, yo solía permanecer callado, envuelto en el silencio alado de las gaviotas.      Mis ojos  adolescentes, acariciaban suaves los restos ajados de las viejas embarcaciones que rodeaban al muelle y mi alma se enredaba con los recuerdos de tantas vivencias saladas, vivencias de mar, de cielo, de lunas llenas,  de fuegos de San Telmo…

                          Mi corta vida, pasados y futuros anhelos, vienen a varar en silencio junto a esas viejas espinas vertebradas de la mar y mis ojos, en su abrir y cerrar, acarician sus propias imágenes, imágenes que brotan sin recuerdos ni apetencias, sin pasado ni futuro.   Condenadas al nacer a una vida tan fugaz y, posiblemente,  tan oscura,  como la profunda noche en que reposan los mudos testigos de tantas singladuras mar adentro…



 

jueves, 12 de octubre de 2017

PENSAMIENTOS

Me encuentro estas lineas escritas hace más de 30 años y me planteo si acababan  de esta manera o las dejé inconclusas hasta un momento mejor. Pienso si deberé continuarlas:



Original de 16 Abril 1985 con foto de Jorge Lazaro



                Mis recuerdos son intermitentes y a ratos olvidadizos, porque precisamente así entiendo yo la vida, yo creo que esa intermitencia es la que nos permite sostener la continuidad en los días de trabajo.     Muchos de esos recuerdos se han desdibujado al evocarlos, se han convertido en polvo al tocarlos, se han quebrado como un cristal irremediablemente herido….

                Las memorias del biógrafo no son los recuerdos del poeta.     Aquél vivió tal vez menos, pero fotografió mucho más y nos recrea con la pulcritud de los detalles. Este, entrega una galería de sueños sacudidos por el fuego de la pasión y por las sombras de su época.

                A veces, pienso que tal vez no he vivido en mi mismo, que tal vez viví en las vidas de los  demás.   De cuanto deje escrito en docenas de apuntes, como en las arboledas del Otoño, como en el septiembre de las vides o como en los sonidos del viento, de la misma manera se desprenderán siempre mis vivencias, como lo hacen las hojas amarillas que van a morir a las acequias o las uvas que revivirán en el vino sagrado.

                Por eso pienso que mi vida es una vida hecha de todas las vidas que he vivido y que, tras pasar, por muchas estaciones, nunca se detuvo ante las que le ofrecían mundos ignotos, envueltos en cantos de sirenas.    

sábado, 7 de octubre de 2017

JOAQUÍN JOSÉ FERNÁNDEZ.

Abrir una esquina en rosa y amarillo de mi blog es placer si quién lo visita es, mi más que amigo, Joaquín José Fernández. Me ha encantado la breve reflexión y la fotografía que la acompaña. Con su permiso os la ofrezco.


MARDESIERTO

Fabulosas arquitecturas de los ojos de la ilusión sobre el espejo candente del desierto transfigurado en mar. Espejismo de la alteridad, última frontera del ser, insondable abismo del hombre... secreto guardado por unos labios de arena.

[Joaquín José Fernández Domínguez]

jueves, 28 de septiembre de 2017

HOJAS SUELTAS

Os dejo uno de los capítulos de mis HOJAS SUELTAS, recuerdos intimistas de mi infancia que me ayudan a recorrer nuevamente los sueños de un niño imaginativo y soñador.




                                                VERANO EN LA VEGA

                         Cuando en los anchos días del estío, llegaba la hora de la siesta, un extraño silencio cubría la penumbra del portal donde hacíamos la vida, en la calle del “medio almú”.   Era ese extraño vacío sonoro que nunca acaba de concretarse, roto en enormes trozos por los grandes ruidos de la Vega que, a su vez, se multiplicaban en pequeñas piezas, por los sones de platos en la cocina, de la jarra en la tinaja o de las puertas de la alacena.

                         Yo me sentaba junto a la rinconera, en la silla baja de aneas, leyendo
 -como siempre-   al compás de mi pródiga fantasía de niño imaginativo y con el silencioso temor de la siesta de mi padre.

                         En aquella penumbra, me entretenía el juego sin  palabras de los rayos de sol que, filtrándose,  entre los deterioros de los tableros de madera que sombreaban la casa, componían curiosas figuras contra la pared.

                         La abuela María, en el umbral infantil de la vejez, no cesaba de pasear con torpeza y decisión mal vencida por los años, pero siempre con el oído presto, para escuchar la voz monótona y cantarina del vendedor ambulante de helados.




lunes, 25 de septiembre de 2017

ANA DEACRACIA

La poesia de Ana siempre se te ofrece desde la más dulce de las sensualidades imaginables, regalando amor físico desde su sueños más cercanos. Hoy nos regala este POEMA DE LUNAS DE SEXO



  La luz no siempre ofrece la verdad, oculta a noches la presencia y la asombrosa madreselva de los vínculos.
  Ella paseaba visible/invisible por la calle. A veces se sentaba en la plaza bajo su arco de fuego, ante un jardín de Álope venido del lugar que guarda lo no dicho.
  Isis se esparció con armoniosa belleza cuando dibujó su sonrisa, y le complicó los rizos en tirabuzones mágicos con que volar el ánimo del cortejo, la avaricia de un beso.
  No existe Tánatos en el cuerpo cuando la miro, o existe plenamente si me niega la cercanía y yo decaigo.
   Deseo verla sin los tules celestes que ocultan sus ojos, y que se entregue a mí como Perséfone ama la primavera.
  Soy el soñador.

viernes, 22 de septiembre de 2017

MI CUADERNO DE BITÁCORA. LA HABANA



      
      La Habana, olores y aromas a  tabaco y ron, a sensuales abrazos del Atlántico y del Caribe, a brisas coloreadas de boleros inolvidables…  La  Habana,  una ciudad donde cada calle, cada rincón, cada plaza, cada bulevar tiene su propia historia.    Una ciudad con  sabor diferente, con una luz distinta, se diría que en La Habana no hay ruidos, solo sonidos…    Sonidos a  música en cada barecito, en cada casa de comidas, los paladares, salsas y boleros a cualquier hora del día, sonidos a viejas radios por las ventanas abiertas de los pisos ruinosos y a voces de niños jugando, que ya son sonidos olvidados en otras ciudades…

     Calle del Obispo, desde el Floridita, el templo del daiquiri,  hasta la Plaza de Armas y su mercado de libros usados, pasando por Ambos Mundos, una cerveza Bucanero y su piano siempre acariciando boleros…   La Plaza Vieja, con su casa de Cádiz, pura Andalucía colonial trasladada a través del Océano, la bajada por el Prado hasta el Malecón lleno de palacetes rezumando historia entre el desgarro de sus fachadas y el caminar voluptuoso de las habaneras en flor, la alegría estrecha de la calle Mercaderes o Compostela o San Ignacio…   La Casa de la Obrapía, impresionante por su belleza y sus patios interiores totalmente remozados. La Plaza de la Catedral,  adornada con las cubanas ataviadas para el turista, enormes puros y suave contoneo de sus caderas…   y por el palacete del Patio, sones, comidas y combinados en un ambiente de hace siglos y, abrazándola, a la vuelta de la esquina,  la Bodeguita del Medio, icono del buen mojito…  

     Pasear en coche de caballos desde el Parque Central hasta el Vedado, pasando por la Habana Centro y el Barrio Chino, entrar con el por el Cementerio Colón, una obra de arte esculpida en mármoles,  llena de leyendas como la de Amelia y su tumba rodeada de creyentes, de rituales y de flores frescas, seguir y tomar un helado en el centro Copelia, con sabores a fresa y chocolate,  y un mojito en el jardín del Hotel Nacional, volcado sobre el Malecón, mientras te cantan boleros a la hora del almuerzo…

      Cruzar las avenidas de Miramar y regresar al bullicio del Parque Central y el Capitolio, copia del de Washington, rodeado por el antiguo Centro Gallego, hoy Teatro Nacional García Lorca.    A su frente los soportales, tras el Centro Asturiano, fachadas derruidas pero llenas de grandiosidad, la comida en Los Nardos y el café en la terraza del Hotel Inglaterra, los automóviles de hace medio siglo con sus imponentes carrocerías y sus colores impecables y gritones como la propia ciudad, los coco-taxis, las bicicletas para pasajeros, los coches de caballos...

      Pasear por La Cabaña, junto al Morro, en la otra orilla de la ciudad, llenarte de su atardecer de mil colores que se esconden tras las lejanas avenidas de Miramar y esperar el cañonazo de las 9 tomando un mojito mientras escuchas, por enésima vez, a grupos que animan todas las terrazas de la fortaleza donde vivió el Ché…    Más adelante,  y en la misma orilla,  la Santería,  Guanabacoa, Regla y su Virgen Negra, la yemayá de los viejos esclavos africanos que escapaban desde la ciudad,  cuanto fervor en los rezos y las ofrendas y en sus puertas, las viejas descendientes de esos mismos fugitivos, vestidas de blanco y amarillo, te predicen tu futuro o clavan las agujas de vudú… 

     El regreso, acariciado por olores a muelle y a sal,  en las barcazas que se abren camino por la bahía de La Habana entre estertores de sus entrañas cansadas de navegar…

     Caminar por sus pueblos detenidos desde hace un siglo… Caibarién,  Remedios, su plaza con dos iglesias y su leyenda de una Virgen aparecida en el mar y rescatada por pescadores que en noches de luna se cambia de una a otra iglesia, sus casas restauradas y refulgentes en añil, rosa, amarillo, anaranjado… una gama de colores que da a Cuba esa sensualidad única de borrachera visual…

  Y lo mejor de Cuba…. Sin duda los cubanos.   Soy entrometido, me gusta caminar por las ciudades, sus calles y sus rincones sin otros consejos que no sean los de mi guía de viajes y mi instinto, alimentado por la curiosidad, llamo a cada puerta que me parece interesante y así conocí a Ernesto Canteli, director de teatro, escritor, poeta, historiador del que me asombro cuando veo quién es en Wilkipedia…   Gracias Ernesto… amigo,  acompañante, guía, cicerone que me llevó hasta los últimos rincones de La Habana de la mano de su inmensa cultura, que me recitó versos suyos en la puerta de la Bodeguita del Medio y que me llenó hasta rebosar de su inmensa sensibilidad.  Suerte en la obra que diriges y estrenas, precisamente hoy 26 de Marzo, en el Teatro Nacional de Arte Cubano de La Habana dentro de la Bienal Artística…

        Gracias María Victoria a quién encontré tras la puerta de un despacho en un palacete colonial y a Manolo Fernández, Directora General y Director de Mercadotecnia respectivamente de la Galería Génesis, organizadora de la parte pictórica de la Bienal de La Habana que, justo hoy, se inaugura.  Gracias por vuestro amable café cubano en tu antedespacho, gracias por hacernos volver para ver pinturas y esculturas y gracias Manolo, a ti y a tu esposa Odalys,  por abrirnos por dos noches las puertas de tu casa y disfrutar con las tertulias hasta la madrugada.   Y gracias especiales para la familia de Alfredín, su esposa Araceli, su deliciosa hija pequeña y su hijo Raul  en Remedios, su generosidad, acompañándonos y enseñándonos el pueblo,  y su cercanía abriéndonos las puertas de su casa para ofrecernos lo mejor que tenían son ya inolvidables para mis recuerdos…    Y para Yolanda, nieta de santanderina,  Directora de la Casa de la Cultura de Remedios y para Rudy un cochero encantador que nos enseñó el Barrio Chino, la Habana Centro, el Vedado… mientras piropeaba toda mini falda que se moviese y para Adolfo, sabio taxista, que escuchaba en su coche música de los H.H. (por Díos…) mientras atravesábamos los 54 kilómetros de pedraplén que unen Cayo Santa María con Caibarién…

        Yo, parafraseando a Carlos Cano,  quisiera y me atrevo a decir que “Andalucía es La Habana con más salero y La Habana, Andalucía con más negritos…”      Hasta siempre amigos,  que la brisa del Atlántico os lleve mi recuerdo y mis nostalgias… 

       Un fuerte abrazo de vuestro amigo DIEGO


       

lunes, 18 de septiembre de 2017

MI CUADERNO DE BITÁCORA. CHINA




             Cipango, Catay… nombres evocadores de mi adolescencia, Cipango y Catay, las tierras donde soñaba llegar Cristóbal Colón atravesando los mares desde nuestra Huelva… Cuando explicaba esos sueños, desde el abrazo del Tinto y el Odiel junto al convento Rabideño, mostraba, desde su fantasía,  la primera visión de esas tierras en el amanecer que los recibiría al arribar a ellas. Casas con tejados de oro, elefantes engalanados con los próceres locales para recibirlos, riquezas sin cuento y miles de infieles para llevar hasta el bautizo y su conversión a la religión católica.



             Todos esos recuerdos se me agolpaban cuando estaba a punto de aterrizar en el aeropuerto de Pekín, después de más de 24 horas de viaje, incluida una escala en Estambul.   Después de tantos viajes, este superaba en lejanía y expectativas a otros muchos. Era conocer una nueva cultura, una forma de vida diferente y dos ciudades llenas de promesas: PEKÍN Y SHANGHAI…



             Mi primera visión de la capital china no pudo ser más alejada de los sueños del almirante, los suburbios cercanos al aeropuerto, camino de la ciudad,  con bastante suciedad y proliferación de obras ante la proximidad de los JJ.OO., aclaro que mi visita fue exactamente hace dos años, aunque como contraste a esta pobreza, mi primera cena fue en el Restaurante Maxim, sucursal del celebérrimo de igual nombre en París, realmente variada y magnífica como antesala de la visita, en la mañana siguiente,  a la PLAZA DE TIANANMEN, la mayor plaza del mundo, con una extensión de 40 Ha. Paseando por  su inmensidad recuerdo los dramáticos sucesos que, de alguna manera, iniciaron el camino de unos tímidos cambios en el país.  Inmensas colas ante el Mausoleo de Mao, nuestro grupo despertaba una inusitada curiosidad entre los campesinos del interior que, según nos dijo el guía, al menos una vez en su vida el gobierno les subvenciona su visita a este lugar.   Al fondo la entrada a la inmensa CIUDAD PROHIBIDA,  residencia de dos dinastías la Ming y la Quing, con 9.999 habitaciones lo que constituye el mayor palacio del mundo.      Después del almuerzo, la visita al Palacio de Verano, con una impresionante puesta de sol en su lago enmarcaron mi primer día en China.


               Deseaba intensamente visitar LAS TUMBAS DE MING y  LA GRAN MURALLA, debo confesar mi desilusión con las primeras y mi pequeñez asombrada ante la inmensidad de la GRAN MURALLA, caminé alejado del grupo, degusté  semejante grandeza, abrumado por sus dimensiones,  6.000 kilómetros, e interiorizando que los extremos de aquel lugar, donde me encontraba paseando con un frío intensísimo, pese a la esplendidez de un sol tibiamente cercano, se situaban en sitios tan lejanos como las montañas de Corea y el desierto de Gobi.   Y antes de dejar PEKÍN como olvidar EL MERCADO DE LA SEDA, paraíso para los compradores, un inmenso edificio de varias plantas, 7 u 8 no recuerdo, donde tienes absolutamente de todo, eso si… bajo el implacable reinado del regateo más farragoso.



               Mi primera visita en SHANGHAI fue, dada la hora de la llegada, a un restaurante para una cena espléndida aunque lo curioso, para mí,  fue que la degustamos en la planta 41 de un rascacielos que superaba los 60 pisos y el que cenábamos era rotatorio, espectacular, y aún me cuesta trabajo asimilar como una sola planta, del casi centro de edifico, da vueltas mientras el resto permanece estático.

             La mañana siguiente nos deparó la visita al TEMPLO DE BUDA DE JADE, el más famoso de SHANGHAI, se percibía en las oraciones de los monjes una devoción y una sensación etérea absolutamente llena de espiritualidad.  Es costumbre dejar cintas rojas con tus peticiones en unos cuidados bonsáis que se sitúan en el patio central, mientras en unos enormes botafumeiros se queman esencias.   En este punto me recuerdo transportado por el misticismo del momento, hasta que me devolvió a la realidad uno de los monjes sacando de su túnica naranja un teléfono móvil y apartarse a charlar tras unas columnas…    Cosas de la globalización.



            SHANGHAI tiene un precioso malecón, nada que ver con el de La Habana, está rodeado en sus dos orillas,  de enormes rascacielos y una espectacular torre de TV, caminar  por él fue sencillamente inolvidable y, desembocando en el paseo, amplias calles peatonales, paraíso del comercio, esto es China amigos…     Realmente recorrer sus avenidas se puede confundir perfectamente con hacerlo por cualquier ciudad de los USA.


             Anécdota, tras la cena de despedida del viaje en el mismo Hotel donde nos alojábamos, un hotel absolutamente IMPRESIONANTE al igual que el de Pekín, tomamos la penúltima copa en uno de los bares del edificio, solo que estaba en la planta 66 y que las paredes eran íntegramente de cristal, con una vista nocturna de la ciudad que me sirvió de broche a un viaje de regreso, interminable,  con escalas en Pekín y Estambul.


            Una página más de mis experiencias viajeras pero en este caso, absolutamente agotado de tantas horas de aviones y aeropuertos.  Como nota positiva de las escalas, el despegue de Estambul al amanecer, con una maravillosa vista de una ciudad tan hermosa y a la que, en breve, dedicaré uno de los capítulos de mi CUADERO DE BITÁCORA.

domingo, 10 de septiembre de 2017

CARMEN PALANCO

Os dejo este regalo de la pluma de mi admirada y querida escritora CARMEN PALANCO, una delicia caminar entre los sauces de sus sentimientos

miércoles, 30 de agosto de 2017

MI CUADERNO DE BITÁCORA. ABU SIMBEL





                    EGIPTO, tierra enigmática, objeto de mis sueños viajeros durante años, había pasado la Nochevieja de 2.004 a bordo del DIAMONT navegando por el Nilo y estaba programada para el primer día de 2.005 la visita al templo de ABU SIMBEL, lo haríamos atravesando en autocar los 300 kilómetros que lo separan de ASSUAM.


                  Pese a la fiesta de la noche anterior, salimos a las 4 de la madrugada para tener la oportunidad de presenciar el amanecer en el desierto NUBIO… El viaje duró aproximadamente unas 3 horas, las autoridades egipcias han trazado una pista, ancha y casi recta a través del desierto hasta llegar al mencionado templo de ABU SIMBEL, lo hicimos en caravana siempre precedida y cerrada por vehículos militares como precaución ante eventuales problemas de seguridad.


                De mi idolatrada LAWRENCE DE ARABIA recordaba las noches estrelladas del desierto… Y QUE ESPECTÁCULO… miles de estrellas, silencio absoluto (a diferencia de las noches en alta mar) y mi fantasía que me hacía creer que aquella era mi casa desde siempre…     ABDEL, el guía, me indicó a preguntas mías, que pocas cosas tan bellas en el mundo como ver amanecer en el desierto NUBIO.  Doy fe de ello…


               Tardó un rato en concretarse, primero fue una banda de mil colores que se extendía sobre un horizonte interminable luego, cuando estos colores tomaban formas, otras más luminosas las empujaban hacia el cielo y, de pronto, sin más avisos, comenzó a asomar entre las dunas un disco naranja, difuso primero, radiante más tarde, fundiéndose con un cielo azul, absolutamente limpio de nubes que acabó iluminando todas las gamas inimaginables de colores, suavemente extendidos por la inmensa paleta ocre del desierto, miré el reloj… eran las 5,28 del primer día del año 2.005, si esta era una señal…QUE BUÉN AÑO SERA…


lunes, 14 de agosto de 2017

MIS HOJAS SUELTAS, LA FERIA DE LA CINTA

Se acercan las fiestas patronales de la Vigen de la Cinta, en mi niñez se celebraban en la Vega Larga, alargándose hasta la Plaza de Toros con su centro en la Plaza de la Merced. Os dejo una de mis HOJAS SUELTAS recordándola.

LA FERIA… después de los largos veranos y sus interminables tardes, cuando la luz se extendía más allá de las voces de los vendedores de caballas y de las biznagas de jazmín y cuando las Colombinas se perdían en el recuerdo de las calores de Agosto, llegaba Septiembre y los preparativos para las fiestas de La Cinta, la Patrona de Huelva y, además, en nuestro barrio de La Merced.

El ARCO, la entrada al mundo de los festejos, se arrulla en mis recuerdos junto al Colegio, mi colegio de San José y la calle Cala, luego esas imágenes se desperezan y lo situan en la misma esquina de la calle de la abuela María, donde permaneció durante los años de mi infancia y primeros de adolescencia.

Bombillas repintadas artesanalmente como los colores de mis fantasías, los altos postes pintados de azul y blanco y rodeados de guirnaldas vegetales que acababan secas al segundo día de feria. Los Gigantes y Cabezudos de la víspera, cuanta inocencia en la chiquillería mientras corríamos tras ellos… Los puestos desde la esquina de la tienda de Pepe hasta La Merced y lo que hoy es Paseo de la Independencia se abría ante nuestros ojos de niños felices como una avenida al Parnaso de las chucherías, allí se corrían las carreras de cintas en bicicleta, que solía ganar Genaro el del taller y las de camareros, todos uniformados, pantalón negro, chaqueta blanca y su pajarita como era habitual, llevando las bandejas y los frascos de agua que saltaban al compás de sus portadores.

En La Merced, los cacharritos, las voladoras, la grande y la chica, los caballitos junto a la cuesta del Carnicero y en la esquina de Paco Asunto las barquitas que los mayores más atrevidos hacían voltear entre la admiración de los pequeños… Todo el contorno de la plaza rodeado de puestos de bebidas, de algodón rosa, de higos chumbos, de botijos de agua fresca, de gamboas. Como recuerdo el puesto del mudo con escopetas de tiro desviadas y los balines disparados a moros que se escondían tras unas chumberas de lo más africanas. Y los enfermos del Hospital asomados a las ventanas que daban sobre la plaza, en mi calenturienta mente infantil, los internos del Hospital siempre me parecían gente de otro mundo, desde que una vez fui a visitar a alguien, que no recuerdo, y ví las enormes salas llenas de camas alineadas y las monjitas con sus ropas blancas y almidonadas.

Con los años estas fiestas se fueron perdiendo, cayendo paulatinamente en el olvido hasta desaparecer y aunque ahora se hayan recobrado en parte y se dividan entre la Merced y el Santuario, para mí, para el niño rubito siempre bien peinado, las Fiestas de la Cinta permanecerán ancladas, entre mis sueños, junto al ARCO que las anunciaba en la esquina de la calle del medio almú…